De ninguna parte a ninguna parte, segunda parte.
China - Hunan - Huaihua / Fenghuang (08/12/2006)
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Si Kaili pecaba de todos los vicios del urbanismo chino feo y gris, Huaihua, más todavía. Había cambiado de provincia, pero no se notaba en gran cosa, a parte del acento de la gente. Estaba en Hunan, o Fulan, como dicen los locales. Que pronunciación! En un idioma con tan pocas silabas como el chino, como puede existir un acento que cambie la H por F y la N por L?? ¡¡a la vez!! De los 300 y pico sonidos básicos que tienen han intercambiado 50!!. Mi primer encuentro con el acentazo hunanés lo tuve comprando ropa en Pekín, con una dependienta del mercado de Yaxiu. Fue algo así:
(Yo)- You nude ma? (Tienen de mujer?)
(Ella)- Mei you lude. (No, no tenemos verdes)
(Yo)- Bu yao Lude, yao Nude! (no lo quiero verde, lo quiero de señora)
(Ella)- Mei you lude! (Que no, no tenemos verdes)
Y vuelta a empezar.
Fue un dialogo de besugos. Hasta que entendí que su "lu" era un "nu" y que no era capaz de decirlo de otra forma. Pues en Hunan eran todos así, pero más de pueblo.
No tenía ninguna intención de pasar tiempo en aquel agujero urbano. En cuanto hube encontrado un lugar donde dormir me lancé a la búsqueda de un taxi de exploración. En vista del éxito moderado de las exploraciones de Guiyang y Kaili decidí intentar explicar claramente cual era mi objetivo al taxista: china rural, china emigrante, pueblos pequeños, arquitectura de madera, hacer fotos...... Me pillas? Para sorpresa mía lo entendió a la primera!
Pasar de la compresión teórica a la practica fue una historia diferente. Pronto entendí que ese señor no era muy de ir al campo por gusto. En general a los chinos urbanos no se les ha perdido nada ni en el campo ni en la naturaleza. Por otro lado, ningún habitante de las aldeas que yo andaba buscando debía usar taxis para llegar a casa, y el chofer no se conocía muy bien la zona.
El pobre hombre tenía buena intención. Insistía en llevarme a algún sitio interesante por mucho que yo quisiera ir a cualquier sitio corriente. Al poco de salir de la ciudad quedó en evidencia cuan perdido estaba. Paró a preguntar a unos moto triciclos taxi. Allí incorporamos al tercer miembro de la expedición. Uno de los conductores de motocarros se vino con nosotros para enseñarnos el camino hasta un pueblo a cambio de una comisión por sus servicios de rastreador. En realidad ambos parecían de lo más contentos haciendo ese trabajo extraño para un guiri con ideas raras. Después de comprobar que un coche no pasa por los mismos caminos que un motocarro y dar un par de rodeos, llegamos al pueblo en cuestión. Estaba al otro lado de un río y tenía buena pinta. El río se cruzaba con un trasbordador y en el embarque había una caseta con un par de póster explicativos en chino y una chavala con cara de gran aburrimiento. Al vernos revivió y se dirigió a nosotros para intentarnos vender un "tiket turistico" a lo que mi chofer devolvió una respuesta magistral:
-Turistas? Que coño turistas! Nosotros solo hemos venido a mirar!
Eso, eso, nosotros no somos turistas. Obviamente la de la caseta no debía tener mucha práctica porque quedo conforme y nos dejo pasar.
Nada más cruzar el río nos encontramos con la escuela local. Un buen sitio para ver los contrastes de campo y ciudad. Aulas cochambrosos, pupitres astillados y hordas de críos corriendo a tu alrededor y metiéndose por medio en la foto. No podía ser de otra forma.
Junto a la escuela había una casa tradicional imponente que debió ser la del mandarín local y que ahora debía albergar la oficina del Partido o algo similar. Justo al lado estaban cerrando el portón de una córrala antigua donde se representaban (quiza todavía se representan) operas chinas. Estaba perfectamente conservado con su escenario, sus gradas en balcones, muy impresionante. No pintaba nada mal el pueblo aquel...
Me apetecía ir a dar una vuelta a mi aire y a ver si hacía algún amigo. No contaba con que se tendría "escolta". El chofer y el "rastreador" se sumaron a mi paseo y aunque intenté insinuar discretamente que prefería pasear solo, no lo pillaron. O quizá sí, pero se lo estaban pasando en grande con la excursión campestre y no pensaban renunciar tan fácilmente.
Los chinos de ciudad no tienen ninguna duda sobre su superioridad sobre los de campo. Como resultado no había forma de hablar educadamente a los del pueblo. Si me paraba en la puerta de una casa y cuidadosamente intentaba preguntar si podría pasar a echar un vistazo al patio..... demasiado tarde. Mi escolta ya estaba dentro como Pedro por su casa haciendo comentarios y tocándolo todo. Un desastre.
En un par de ocasiones pregunté si podía hacer una foto pero mi escolta contestaba en lugar del dueño: "claro, por supuesto!". Si el dueño replicaba, le echaban la bronca como si ellos fuesen los dueños de sus derechos de imagen. No lo hacían con maldad, simplemente eran un par de zafios patanes de ciudad.
El pueblito conservaba la arquitectura y la atmósfera de un lugar rural autentico. Llegaran ha convertirlo en un sitio turístico si se lo proponen, pero de momento no lo era. La guinda habría sido poder hablar con la gente, pero con mi escolta camorrista no fue posible.
Volvimos a Huaihua y decidí explorar un poco antes de la cena. Por aquí y por allá había rascacielos en construcción (como en cualquier rincón de china) pero con un toque casposillo provinciano. En unas cuantas tiendas y en un par de "peluquerias de final feliz" vi a los dependientes/señoritas metidos en una especie de gran cajón de madera. Después de verlo en varios sitios me acerqué a mirar que era aquello. El remedio para el frio -que no es mucho- en esta parte de China consiste en sentarse todos bien juntitos dentro de una gran caja de madera que luego se cubre con un edredón. También hay un hueco en el fondo para meter un brasero. Es la mar de gracioso entrar en una tienda y ver dos o tres personas metidas en una caja y más todavía que te inviten a sumarte.
Después de considerar varias posibilidades de transporte decidí que en vez de seguir camino hacia Changsa (capital de Hunan) seguiría hacia el norte hasta Fenghuang y de ahí a Pekin en un tren de 24 horas, en vez de avión.
Fenghuan SI era un lugar turístico pero me constaba que era muy bonito. A la vista de los escasos resultados obtenidos en la búsqueda de la china anónima decidí que iba a intentarlo con la China conocida. Después de comprar mis billetes de tren me fui a cenar a "Montecarlo" un antro decorado con escultura clásica y columnas griegas con pretensiones de ser un restaurante occidental. Probablemente yo era el único occidental que había pisado jamás ese restaurante. El menú, con traducción inverosímil y ortografía "creativa" en ingles, contenía variados cortes de ternera provenientes de lejanos rincones del mundo: solomillo de nueva zelanda, chuleta de brasil.... No me cuadraba. Otro tanto ocurría con los cafes de Colobia, de Arabia, de Jamaica.....en este antro?! Efectivamente, no. El filete, en realidad, solo podía ser de una clase (y lo jodieron cubriéndolo de una salsa indefinida) y el café solo de sobre. Todo se explica.
A la mañana siguiente, bien temprano, salí de camino a Fenghuan en tren.
El tren solo llegaba hasta Jishou, otro pueblo-ciudad mediano. Desde allí quedaba una hora de carretera. Era una oportunidad más de cruzar "campo anónimo" y me busqué un taxi para el trayecto. El chofer resulto ser de la minoría Tujia y un cachondo mental. De alguna forma se notaba un carácter "no Han". Le conté lo que andaba buscando y lo entendió a la primera. El mismo había sido emigrante años atrás. Se fue a Shenzhen en Guandong, a trabajar en la obra, pero en cuanto pudo se vino al pueblo, se compro un taxi y se caso. Ahora era feliz. Ganaba bien y trabajaba poco. Las prioridades las tenía bien claras.
En el camino a Fenghuang fuimos cruzando pueblitos con casas de adobe y techos curvos, campos de arroz, bufalos... campo a la antigua.
Paramos en uno de ellos para que diese una vuelta. Esta vez fui sin escolta. El pueblo era muy autentico. Más que calles había cuestas y escaleras, pero no había un alma por allí. La gente debía estar en los campos. Finalmente me crucé con un abuelo que estaba secando guindillas. Me miro raro -lógico-, me saludo, me dijo que hacía por allí y me invitó a un té. Su casa estaba presidida por un gran poster de Mao casi en situación de altar. Mao era Hunanés y su foto está todavía en todas partes. Costaba lo suyo entenderse con el acento hunanés de pueblo... pero tampoco íbamos a ponernos a disertar sobre arte contemporáneo. Después del te me invitó a comer pero decliné la oferta pensando en mi chofer que estaba esperando. Cuando volví el taxista estaba echándose una siesta con los pies en el volante. Al contarle la historia me dijo: "y por que no te has quedado a comer?". Un Han probablemente me habría pedido que le pagase por la espera del té. Nunca se sabe.
Llegamos a Fenghuang y resulto ser tan impresionante como prometía. El pueblo está atravesado por un rio rodeado por murallas. En algún momento de la historia había sido una encrucijada comercial importante. Las casas de las laderas junto al río estaban costruidas sobre pilares y el conjunto era 100% de postal. Por alguna razón Fenghuang no sale en las guías de viaje extranjeras, pero es un destino muy popular para los chinos. No queda una sola casa en el pueblo que no sea un hotel, un restaurante o ambos. En temporada alta debe ser algo agobiante, pero en diciembre no había nadie. Por un precio muy razonable me alojé en una habitación con vistas increíbles y un balcón de madera sobre el río. Era el único en esa casa.
Me pasé el día siguiente recorriendo las callejas, subiendo por las murallas e intentando colarme en los sitios sin restaurar. Por la tarde acabé en una escuela justo a la salida de clase y me lleve un susto al ver a todo el alumnado en pose militar. Cientos de chiquillos estaban formando pelotones, moviéndose al compás y desfilando. Un ejercito en miniatura, que miedo! Esta bien inculcar disciplina, pero creo que aquí se pasan un poco.
Fenghuang fue la ultima etapa. Al día siguiente volví a Jishou, me subí a mi tren y 24 horas después estaba de vuelta en Pekín.
Era el ultimo viaje del 2006. El ultimo viaje de mi año sabático. Y justo un año después, por fin encuentro el animo para contarlo. 2007 ha sido un año casi sin viajes. Espero resucitar este blog con el año que entra, año olímpico en Beijing!
China - Guizhou - Guiyang / Kaili (04/12/2006)
Estos sitios, pobres y perdidos, son la fuente inagotable de emigrantes que van a las ciudades a buscarse la vida. Desde que empecé con el reportaje "albañiles de Pekín" tenía ganas de ir en busca de sus orígenes y ver a esa gente en su contexto.
Estaba viajando con mi vieja guía del 2001. Cinco anos de desfase son un problema en cualquier lugar, pero cinco años en China equivalen a quince o veinte años en Europa. La lectura solo me sirvió para llevarme sorpresas y alucinar con los cambios ocurridos entre lo escrito y lo que veía. La lista de hoteles no me cansaba ni en leerla. Ninguno sigue en el mismo sitio y lo que fueron "moquetas limpias de una nueva pension" hace mucho que dejaron de serlo. Mi técnica es explicarle al taxista el tipo de sitio que quiero y dejarme llevar. Otro tanto hago para encontrar lo que ando buscando.
Después de visitar Guiyang me lancé a la exploración de lo anónimo. Desde el avión, al aterrizar, había visto que no lejos de Guiyang abundaban los valles y los pueblitos. Desde el aire se veía claramente una red de aldeas, ríos, montañas y senderos. No debería ser demasiado difícil salir del centro y perderse por allí, o si?
Elegí una supuesta "ciudad antigua" amurallada que estaba a 30 km de la capital. Cuando ya estábamos en marcha le explique que quizá hiciésemos algún desvío en el camino, pero no hizo falta. Los 30 km fueron siguiendo un vía importante y todo que veíamos en los alrededores era una prolongación del paisaje urbano. Los pueblos de hormigón enlazaban unos con otros hasta que llegamos a destino. La ciudad antigua no estaba mal pero había pasado bajo el rodillo de la industria turística china: ticket office, puestos de souvenir en lo que fueron casas tradicionales, chiringuito para hacerse fotos disfrazados de emperador sobre las murallas. Puro kistch. Intenté seguir a pie hasta el pueblo siguiente, pero no llegué muy lejos. El primer día de exploración había salido un poco rana.
Kaili resulto ser una sucesión de bloques de hormigón a cual más feo. Gris, sucia, lluviosa y deprimente. Mi esperanza eran los alrededores. A la mañana siguiente intenté la técnica del taxi otra vez. Opté directamente por dar al chofer una dirección clara y concreta. Había preguntado en la recepción del hotel por varios pueblos de los alrededores y nos dirigimos a uno. El paisaje era perfecto, la carretera llena de curvas se metía entre las montañas y de pronto.... Atasco! Un coche (que había adelantado a lo "vidente" en una curva sin visibilidad) se había estampado de frente contra un camión y la carretera estaba cortada. El coche estaba medio fuera de un barranco y no se podía mover. El camión también tenía la dirección reventada y aquello tenía pinta de ir para largo. Así fue. Pasamos un par de horas parados esperando a que llegase la policía, una gran grúa, a que levantasen el coche etc. Toda la gente de los coches y autobuses se apeó y estuvieron haciendo corros como solo en China se hace. No estuvo mal porque fue una ocasión de ver a la gente de los pueblos cercanos y a los que iban o venían de Kaili.
Al cabo de un par de horas de circo seguimos hacia destino. El paisaje era impresionante y nos encontrábamos con pueblos cada poco tiempo. Todos eran de minorías Miao y otras. Yo andaba buscando la china Han profunda, pero aquello tampoco estaba nada mal. El pueblo de destino también era Miao. Estaba encaramado en una colina junto a un gran río. Era realmente bonito. No había ningún turista a la vista, extraño. Recorrí el pueblo de arriba abajo con la intención -ingenua- de que eso bastaría para llamar la atención y generar la ocasión de pegar la hebra con alguien e invitarme a su casa a conocer la familia o tomar un té, pero no pasó. No debía ser tan llamativo como yo me creía. Cuando ya estaba yéndome de allí se montó revuelo en la plaza. Un montón de mujeres con el traje tradicional Miao empezaron a congregarse. Pensaba "que casualidad!, he pillado alguna festividad local!". Pero no. En pocos minutos llegó a la plaza una manada de turistas chinos que había llegado en autobús. Todo aquel tinglado lo habían montado a posta para ellos. Me pareció el momento adecuado para irme.
De vuelta a Kaili paré en otro par de pueblos con pinta menos pintoresca, con la esperanza de que no los hubiesen transformado en atracciones, pero tampoco. Eran bonitos, bien preservados, pero los souvenirs eran lo primero que uno se encontraba al llegar. Después de varios días moviéndome por el paisaje que quería, la búsqueda de la china anónima Han seguía sin cuajar.

Quizá sea mejor ignorar las fiestas foráneas que copiarlas mal o copiar solo la estética sin saber de que va el fondo. En 
Pero no todo son petardos en el Año Nuevo Chino. Para muchos representan sus únicas vacaciones y la ocasión de volver a casa. En un país con 150 millones de emigrantes rurales y otros muchos urbanos, ese retorno "todos a la vez" se convierte en una peregrinación de dimensiones bíblicas que colapsa durante días todos los medios de transporte. Son unas fiestas de carácter familiar. El objetivo de todos es llegar a casa. A parte del estruendo nocturno de la pólvora, todo queda inusualmente en calma en las calles. La ocasión para salir de casa con los parientes la presentan las ferias de año nuevo de los templos. En las ciudades supone una rara oportunidad de ver una manifestación de la cultura tradicional y para sumergirse en un mar de gente de los que tanto abundan en este país gigantesco. Pero todo eso tendrá que esperar a mi vuelta a
Al menos mi retraso redactor me dará la ocasión de contar la ultima etapa de este camino: un viaje experimental. Yendo de ninguna parte a ninguna parte, empezando, pasando y terminando por rincones anónimos del
Myanmar -- Mongla (24/10/2006)
La carretera hacia Mongla es toda curvas. Desde algunas se veían los valles y las aldeas de tribus aquí y allá en las montañas, pero está prohibido andar de paseo por esa zona. Corre el rumor que al otro lado de esas lomas se cultivan grandes extensiones de adormidera con el consentimiento del estado. Quien sabe? A lo largo del camino hay 4 controles de carretera a cual más bananero donde hay que presentar el fajo de papeles que hicimos antes de salir. Después de tres horas de carretera se llega a la "entrada" de Mongla y uno empieza a sentirse en China... El pueblo en si, como tal, como atracción, tiene un "ticket office" al más puro estilo del turismo capitalista chino. El ticket está escrito en chino y se paga en yuan, que es la única moneda valida a partir de ahí. Los señores de la garita tienen cara de birmanos pero hablan chino.... Acabábamos de entrar en la SR4 (Special Region 4). De aquí en adelante el gobierno de Yangon no pinta nada. Las matriculas son diferentes, la moneda y el idioma es diferente y las "fuerzas de seguridad" son las tropas del Eastern Shan State Army mandado por un señor de la guerra llamado U Sai Lin. Me resulta difícil imaginar que nivel de suciedad y tejemaneje internacional ha dado lugar a la existencia pacífica de este rincón del país. Las guerrillas que operan en muchas zonas remotas de Birmania están en permanente lucha con las tropas del gobierno central. Aquí no. Aquí hacen de su capa un sayo y les han regalado su trocito de tierra para disfrute y abuso de los vecinos chinos. Muy muy muy oscuro.
El mercado central se vendía lo típico: pescados, verduras, gallinas; lo menos típico, mas bichos en peligro de extinción: camaleones, roedores gigantes, huesos de algún gran felino secos, pichas secas de bichos que no alcanzo a reconocer (no es tan fácil identificar a un bicho por la forma de su picha disecada) .... Al mismo tiempo, en todas las tiendas que rodean la plaza del mercado, en una curiosa yuxtaposición comercial, se vendían señoras y señoritas.
A mitad de la cena cayo un rayo muy cerca y se fue la luz en Mongla durante el resto de la noche. Si la cosa estaba ya apagada de por si ahora quedo muerta. El "red light district" se quedo sin "light". Intenté encontrar algún garito de juego funcionando pero lo único que encontré fue un par de mesas donde la gente perdía su dinero a los dados. Todo muy triste y muy cutre. El gran casino de la calle principal estaba cerrado, las calles vacías....por designios de Pekin, era la temporada baja. Di una vuelta con la esperanza de tropezarme con la comisión flagrante de alguna perversión, pero nada. Lo mas manifiestamente perverso que encontré fue la tele de mi habitación que, por la noche, solo ofrecía pelis guarras.
Pasé la noche en Tachileik. Mi habitación tenia un balcón que daba a la acequia-frontera. El otra lado estaba a apenas 3 metros. Podría haber cruzado de un salto a la casa tailandesa de enfrente. Podría haber andado al otro lado mojándome tan solo el tobillo. Desde luego hacer contrabando aquí no era ningún misterio. Podía oír y ver a la gente en la calle tailandesa a pocos metros, pero no podía pasar. El absurdo de las fronteras elevado al máximo exponente. 
Birmania en general está a parte del resto del mundo. Las cosas siguen a un ritmo antiguo en todas partes, pero en este rincón del país es mucho más cierto. La ciudad en si se parece a cualquier otra ciudad, pero las montañas de los alrededores están pobladas por tribus que siguen viviendo como siempre lo han hecho. Las tribus no entienden de fronteras que existen desde mucho menos que ellas mismas, sobre todo cuando esas frontera no están controladas por nadie. En todos los países de la zona habitan las mismas comunidades: thai, akha, lahu y muchas otras.... Mi intención inicial era hacer un buen trekking por la zona, pero me quedaban pocos días de visado por culpa de las esperas inútiles de las inundaciones y los viajes interminables. Todavía tenía que llegar a Tailandia y no podía apurar demasiado. Además, para mi pesar, el gobierno había prohibido expresamente que los extranjeros pasaran noches fuera de la ciudad. La exploración solo podía ser de un día con vuelta a Kengtung. Las razones, más que de seguridad, son probablemente de miedo a tener turistas curiosos husmeando en los "cultivos" de las zonas más alejadas. Tuvo que ser así, un solo día, pero vaya día!
La expedición empezó bien temprano. El guía me recogió con una moto de las gordas. Después de media hora por caminos llegamos a los pies de una montaña. El primer pueblo que nos encontramos, todavía en el valle, era akha. Las mujeres akha llevan un gorro-peinado hecho con monedas y cuentas de plata. La cosa pesa varios kilos y vale un montón de dinero. Llevan su riqueza puesta y no se la quitan casi nunca. Una vez cada par de semanas para lavarse el pelo. Al parecer incluso duermen con el casco puesto. Según me contaba el guía, a aquel primer pueblo van algunos grupos de turistas tailandeses en minibús, pero no pasan de ahí. Como pasa en China, la idea de andar subiendo cuestas por caminos embarrados para ver a gente pobre no triunfa entre los tais.
Está claro que para los guías, lo más fácil es llevar a los visitantes siempre a los mismos sitios. Ellos se evitan el trago de tener que explicar a la gente de la tribu que hacemos por allí y a los turistas les da igual porque para ellos es nuevo. El plan del guía era que del pueblo akha fuéramos a otro eng, en el valle de enfrente. Debía haber hecho eso mismo sin variación muchas veces porque cuando le pedí que fuésemos a los campos donde estaban segando, lo pille al contra pie. Estaba a punto de darme una excusa vacía de por que no podíamos ir, pero no lo hizo. Pensó: "seguro que está lejos y es difícil llegar" y pregunto para que la excusa nos la diera nuestro anfitrión, pero se equivocó. Los campos estaban un poco más arriba cruzando una loma, a media hora nada más. No le quedo más remedio que aceptar el cambio de planes. Me parecía increíble pero era la primera vez que él hacía ese rodeo. Cruzamos la loma en cuestión y llegamos a otro valle más suave con campos en terrazas y un río. La gente segaba aquí y allá. Otros sacudían espigas secas, otros aventaban...algunos críos andaban corriendo detrás de las vacas desobedientes que se comían el grano recién cosechado. Toda una estampa. Dimos una vuelta por los campos donde la gente estaba trabajando y nos fuimos a un chamizo que servia de sombra para descansar. Al rato vinieron a hacer su pausa del almuerzo algunas personas y comimos con ellos. Nuestra comida (carne de varios tipos) era bastante mejor que la suya (arroz hervido y vegetales) y les vino bien ponerlo todo en común. Era medio día y hacía un calor del demonio. La gente iba pasando a hacer una pausa bajo el sombrajo y nos contaban sus historias. Un señor había venido desde el pueblo de al lado a comprar arroz para dárselo como compensación a otro al que sus vacas se le habían comido media cosecha. Otro señor nos decía que tenía un resacón enorme porque la noche de antes habían tenido una "fiesta de la cosecha" y se había puesto como una cuba. El remedio local para el dolor de cabeza era otro dolor. Un amigo le estaba cogiendo pellizcos en el cuello, el pecho y la espalda y no paro hasta que sangro! Algunos niños estaban ayudando con la siega, pero al parecer los akha los suelen mandar al valle a la escuela. Algunos se quedan internos pero la mayoría escala la montaña de subida y de bajada todos los días!!
Fue una experiencia estar allí descansando con aquella gente, en medio de su cotidianidad, compartiendo la comida. Lo más increíble del caso era que incluso ese pequeño rodeo de media hora nos había llevado a un lugar desconocido para el guía. Es un consuelo. Más allá debía haber otros valles, y después otros, y más allá más. El impacto negativo que pudiese tener la visita de gente como yo se quedaba limitado a muy pocos sitios: unos cuantos pueblos conocidos por el puñado de guías que sacan de paseo a los pocos viajeros que llegan hasta allí. Más allá debe haber cientos de aldeas y tribus aisladas y, por eso mismo, preservadas de la polución turística. Creo que el área de Kengtung debe tener la mayor y mejor conservada muestra de tribus de toda Asia.
Empezaba a hacerse tarde y nos quedaba una buena pateada hasta la moto. En el camino de vuelta nos fuimos encontrando con la gente que volvía de los campos cargada de sacos a las espaldas. Llegamos a la moto casi de noche y hicimos el camino con las luces puestas. Solo había sido un día y solo habíamos visto dos tribus, pero vaya día! Me dio mucha pena no tener tiempo para explorar más y no poder ir a los sitios de "más alla" a echar un vistazo, pero está bien quedarse un poco con las ganas para tener una excusa para volver...
Myanmar - Katha (16/10/2006)
Había aprendido algunas lecciones en mi camino de ida hasta el lago y el camino de vuelta fue un paseo en comparación. La noche antes de salir compré por adelantado, y bien cara, mi plaza de copiloto en la cabina del pickup. Sentado y con un cinturón de seguridad bien amarrado, la pista embarrada era casi divertida. En Hopin tuve que esperar un buen rato a que viniera el tren pero fue la ocasión de hacer amigos con algunos críos y otros espontáneos en la estación. Al contrario que en los sitios turísticos, aquí la gente no pide, sino da. Se alegran de poder ver a un extranjero haciendo el ganso a su alrededor. Había un montón de críos que trabajaban vendiendo comida a los viajeros de los trenes. Para ellos estar sentados contigo y salir en una foto digital era un gran evento que convertía un día más en "él dia que estuvimos haciendo el tonto con el guiri".
Por fin llego el tren que era un "local train". Tenia cierto miedo porque ya había visto pasar varios vagones de ganado reconvertidos en vagones de pasajeros, pero no. Nuestro local train era bastante aceptable y no estaba atestado. Había gente subida en el techo pero probablemente era por tomar el fresco más que por falta de espacio. Los asientos eran de tablas de madera, pero cada persona tenia el suyo y no se estaba mal. Además hacia un día fabuloso y viajar en tren a través de las selvas en un día así era un placer.
El tren iba despacio, saltando y cabeceando, como era de esperar. Parábamos en todas las estaciones, grandes y pequeñas. En todas, tan pronto como nos deteníamos, un enjambre de vendedores rodeaba el tren con sus comidas y mercancías varias. Todo muy pintoresco. Seguimos atravesando bosques, valles y pueblos hasta que empezó a hacerse de noche. Entonces llegamos a Naba desde donde había que tomar un autobús que atravesaba la jungla durante una hora hasta llegar a Katha, en las orillas del Irrawady.
Katha vive volcada en el río. La vida gira en torno a él. Mi habitación de la pensión daba al Irawady y lo primero que me encontré al bajar a la calle por la mañana temprano fue un carguero recién llegado. Lo estaban descargando con la única maquinaria portuaria que gastan por aquí: brazos y piernas. Un pequeño ejercito de porteadores con longis viejos a modo de "turbante-capa de superman" sudaba la gota gorda en el calorazo de las 8 de la mañana. Saco a saco, bidón a bidón, iban descargando la cubierta como hormigas. Si en España me hubiese metido por medio de los quehaceres de esa gente, dando por saco con la cámara, probablemente me habrían tirado al río de una patada. Aquí no. Al cabo de un rato todos los porteadores hacían un alto en su ir y venir para salir en la foto y echarse unas risas. Que tíos! 
Estuve en Katha dos días como podría haber estado dos semanas. Llego el momento de partir y de probar un nuevo medio de transporte birmano: el "ferry"
Myanmar -- Hopin - Lonton - Indawgyi Lake (13/10/2006) 

En el camino de vuelta, en el medio del lago, les pedí parar para darme un baño en el agua limpia y empezaron con los miedos otra vez....es peligroso.....como vas a nadar aquí....luego te llevamos a una playa.... Dio igual que les enseñase mis gafas de bucear y que perjurase que llevo nadando desde los 3 años. No querían meterse en el follón de su vida si me pasase algo. Seguí insistiendo suavemente pero cuando el pastor esgrimió el argumento de que era peligroso porque había un dragón, comprendí que no iba a conseguir nada y lo estaba poniendo en un aprieto, así que renuncie al chapuzón.
El primer tramo del arduo camino fue mi tren de 24 horas desde la inundada Mandalay. Era el primero que circulaba después de que se hubiese reestablecido el servicio y me temo que los estándares de seguridad distan mucho de los europeos. La salida de la ciudad me recordó mucho a unas escenas de la peli "el viaje de Chihiro" donde hay un tren que circula sobre vías sumergidas en una especie de mar. Era eso, sin más ni más. Las vías estaban a un palmo bajo el agua y los alrededores eran un gran mar salteado de copas de árboles y tejados. El tren circulaba a velocidad de paso humano porque probablemente alguien andaba delante del tren viendo que las vías todavía estaban en su sitio. En un par de puntos donde el agua se había llevado un cacho del caballón sobre el que se posan las vías, unos obreros se afanaban en sujetarlas con palos que desaparecían bajo el agua. Todo eso iba acompañado de chirridos y gruñidos de vías y vagones que parecían condenados a hundirse en cualquier momento. Esa fue la parte "onírica" del viaje. Después de un par de horas cruzando el mar llegamos a tierra seca y empezamos a acelerar. Imagino que la velocidad punta era de unos 40 km/h pero parecía que estábamos despegando en la lanzadera Discovery. Las vías son las mismas, me temo, que pusieron los ingleses a principios del siglo pasado. Cuando se va en tren es normal que haya un traqueteo, que es parte de la gracia del viaje en tren, pero aquí el traqueteo alcanza otra dimensión. No se si es un defecto o fatiga de los amortiguadores o más bien un problema serio de las vías o, probablemente, las dos cosas a la vez.
Al mirar a los lados ves que la gente y las cosas están literalmente despegando del asiento.... Baaaaaa daaaaaaaaaaaaam! ...........Se para y sigue normal. Luego esta el cabeceo lateral que es como el "saltamontes" pero zarandeándote para los lados. Con el cabeceo, la gente se pega cabezazos y las maletas que no estuviesen bien sujetas se caen sobre los pasajeros. Que festival! Eso seria divertido si durase lo que una viaje en una atracción de feria, pero cuando dura 24 horas es una tortura. Cuando ya pensaba que conocía todas las peculiaridades del tren tercermundistas llego la noche cargada de sorpresas. En los trópicos hace calor y el vagón no tiene ventanas. Se encienden las luces de neon y en media hora tenemos una colección de insectos tropicales y millones (literalmente) de mosquitos haciendo círculos frenéticos a tu alrededor. La tasa de impacto de bicho contra tu cabeza era de unos 2 o 3 por segundo. Un ametrallamiento. Al sonarte la nariz salían bichos igual que sale barro cuando te pasas el día rodeado de polvo. Todo eso sentado en tu confortable asiento tercermundista. Una delicia.
Media hora pasamos bajo el sol esperando a que el dueño del vehículo considerase batido su record de carga. Eso ocurrió cuando alcanzamos la marca de 32 personas!! 4 en el asiento de adelante, 4 en el segundo asiento de la cabina, 4, 5 y 5 en las tres filas de la trasera, 5 encima del techo de la cabina, 3 de pie en el añadido trasero y dos colgando de los lados. Ni en "que apostamos", vaya!
Para alivio mío, en un par de puntos que eran absolutamente infernales, la mitad del pasaje se bajo del carro y cruzamos andando (así pude sacar fotos, contad la gente!). Despues de 5 horas, cuando mi persona en forma de bloque amoratado había chocado unos cuantos millones de veces contra las chapas y barras colindantes, llegamos a Lonton. Era de noche. Por fin me pude desencajarme de mi hueco. Llevaba dos días viajando de mal en peor. Por fin pude andar, descansar, comer la porquería que estaba en venta y tomar una ducha. FIN del capitulo de miserias. More coming soon.
Lo mejor de Yangon es perderse por las calles del centro. La casas coloniales están en su mayoría decrepitas pero elegantes. Las fachadas pintadas en colores pastel se caen a cachos y sobre ellas crecen plantas y musgo. Parecen jardines verticales. Creo que en este clima podrían crecer plantas asta en el capó de un coche. En los balcones y ventanas siempre hay ropas secando y caras curiosas. La gente que te tropiezas es de lo mas variopinto. Hindúes con turbante, hindúes con gorro musulmán, birmanos, mestizos, mujeres veladas hasta alas cejas, mujeres con el ombligo al aire. Muchas de las calles más estrechas concentran algún gremio: una calle de impresores, otra de electricistas... Todo tiene una pinta añosa...sus prensas, sus motores, sus interruptores... En realidad eso es general a todos los ámbitos de la vida diaria. Los pobres birmanos intentan llevar una vida del 2006 pero están atados a tecnologías del 1960. Por aquí y allá se oye el tak tak de las máquinas de escribir, los autobuses urbanos son como los de las películas de época, los coches particulares son reliquias de 8ª mano del Japón, triciclos a pedales sirven grandes bloques de hielo a los cafés y restaurantes para refrigerar los alimentos...Algunos visionarios han lanzado negocios con pretensiones de modernidad extrajera como un restaurante tipo KFC pero no cuela. En vez del típico mostrador informatizado y con micro hay una dependienta que escribe tu pedido en un papel guarro que luego pincha en un clavo. A veces, como cuando quieres saber si hay vuelos o no, esta anticuadez es desesperante pero, otras muchas, le da al país un encanto especial.
